El País de hoy incluía una noticia realmente escandalosa. Se extiende el fenómeno Deathbook. Es decir, el Facebook de los muertos. Y pensarán si en el cielo San Pedro ha contratado el ADSL para todos, pues no, el tema del deathbook consiste en guardar una serie de frases, vídeos, cartas o lo que se te antoje y enviarlas, una vez estés muerto y una persona de tu confianza dé el visto bueno, a quién se te haya antojado antes de estirar la pata.
Me explico. Yo hoy pienso, joder, antes de morir tengo que decirle a mi colega que le huelen los sobacos a cebolla podrida. Entonces redactas el mensaje, pones el e-mail del colega con problemas de transpiración y cuando mueras se envía. También hay envíos por fechas, por ejemplo en cumpleaños. Imagínense recibir una felicitación de un amigo muerto. "No puedo estar con vosotros pero espero que lo estéis pasando de puta madre". Gracias, de verdad al muerto por animar la fiesta.
¿Es realmente importante este fenómeno? Difícil de determinar, sin duda. Realmente no creo que fuera grato recibir e-mails de mi abuela todos los días: "eres la cosa más bonita de España". Aunque no estuviera a mi lado no sé, quedaría demasiado frío, demasiado virtual. El caso es que la campaña de publicidad es una tumba que pone: "mi verdadera lápida está en el Facebook". A mí todo esto de las redes sociales, del Facebook, etcétera, me tiene un poco tocado. Es demasiado a mi gusto en el momento en el que está pero... ¿llegar a los muertos? Hardcore total.
Leyendo la absurda y morbosa noticia, he estado pensando en frases que pondría si tuviera que crear un Deathbook hoy mismo. No lo voy a hacer pero imagínense. Podría ser gracioso:
A: Todos en el velatorio: "Sé que era uno de los mejores y sí, me he ido y no sé porqué".
A: Mi vecino: "Siento lo del perro, no aguantaba sus ladridos".
A: Mi jefe: "Le digo lo que le dije antes de despedirme, es usted un hijo de puta".
A: Mi mujer: "No te preocupes cariño, que no estoy solo, tengo unos mil gusanos comiéndome la piel en este preciso instante".
A: La gente falsa que está en mi entierro: "Ahora venís a verme, ¿no?".
A: Mi médico: "Le prometo que no he vuelto a fumar".
A: Los que visiten mi tumba: "No os molesteis, las flores no consiguen quitar este olor a mierda".
A: Mi hijo: "Tranquilo, tu madre, lo sabe".
A: El tipo que me cruzaba en el ascensor: "Tus pedos huelen".
A: Mi familia: "Gracias por darme la oportunidad de subirme a un Mercedes, aunque tuviera el culo más largo de lo normal".
Pero sin duda, me quedo con el epitafio en la tumba de Molière: Aquí yace Molière el rey de los actores. En estos momentos hace de muerto y de verdad que lo hace bien.
Pensando a quién dejar mis deudas...
domingo 1 de noviembre de 2009
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1 comentarios:
Joder tío, quiero conocerte. Y estoy taaaaan de acuerdo contigo...de hecho, hace poco que eliminé mi cuenta del tuenti. El Facebook lo mantengo, pero no tengo tanta dependencia, ni la gente tanta conciencia sobre mi vida diaria y cotidana.
Y no pienso dejar mensajitos póstumos.
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